Pobreza



Felices los pobres de espíritu

Todos los hombres queremos ser felices, y Jesús nos dice cómo. Las bienaventuranzas son promesas de felicidad. Paradójicas, nos invitan a reinventar la vida. La pobreza de espíritu supone la conciencia de la nada de la criatura y el todo de Dios. Podemos intentar vivirla con respecto a Dios, con respecto a nuestras propias “grandezas” y con respecto a los demás.