Inhabitación



Dios inhabita y actúa

En las listas de los apóstoles que recogen los Evangelios, Simón y Judas (el de Santiago) aparecen casi al final. De Simón no aparece ningún diálogo con Jesús, y de Judas solo uno, pero que da pie al Señor para descubrirnos la verdad de la inhabitación de la Trinidad en el alma. Sepámonos siempre habitados, en compañía de familia tan entrañable. Habremos dado con el tesoro escondido en el campo.



Qué triste no estar en la propia casa

Andrés y Juan quisieron saber dónde vivía Jesús. Se quedaron con él toda esa tarde y luego toda su vida. La casa de Jesús es nuestro propio interior, y muchas veces lo dejamos solo en ella. “Vive dentro de ti”, aconsejaba san Josemaría “y estarás más cerca de Dios”. Tarea difícil, pero de resultados óptimos: nos poseemos a nosotros mismos y poseemos a Dios.



Los secretos íntimos se revelan a los amigos íntimos

Jesús ha querido revelarnos el secreto más profundo de Dios: su vida íntima. Aunque no lo comprendamos, nos sirve para comprender que Dios es amor, es familia. El Bautismo nos inmerge en el ámbito trinitario, nos hace vivir en la vida de las Personas divinas. San Josemaría invitaba a “entretenerse” en la oración con cada una de las Personas de la Trinidad.