Imitación



Mi parecido a María

María es nuestra Madre y el icono de la Iglesia, es decir, lo que todos debemos ser. Observemos si tenemos su toque en las virtudes que más la caracterizan: la humildad, el cumplimiento fidelísimo del querer divino, su firmeza para acompañar a Jesús en la Cruz, su recogimiento oracional, su pureza inmaculada, su espíritu de servicio. Lleva contigo el aire de María, que es aire del Paraíso.



María nos guía para tratar a Jesús

La atención a los detalles, la delicadeza, es característica del alma femenina. Por eso acudimos a María: que nos enseñe los modos finos para tratar a Jesús. Desde el ofrecimiento de obras hasta la Santa Misa, pasando por la Comunión y la oración, Ella es nuestra educadora. Porque su maternidad no consiste tan solo en engendrarnos y darnos a luz, sino que incluye educarnos en la vida del espíritu.


En María encuentras tu grandeza

La liturgia de la Iglesia es un lugar teológico, es decir, que en ella encontramos refuerzo para nuestra fe y nuestra unión con Dios. Admira ver el cariño con que el Misal Romano celebra a María: ocho misas en el común, además de las de los tiempos fuertes. Si leemos algunas antífonas de entrada, nos encontramos retratados en ellas. Porque María es “el icono purísimo de la Iglesia”, aquella que Dios ha creado para mostrarnos cuál es su plan de santificación.